“No quiero bañarme”, “No me gusta esta comida”, “Más tablet”. Si eres madre o padre, estas frases son la banda sonora de tu día a día. Y ante ellas, a menudo oscilamos entre dos extremos: el autoritarismo (“porque lo digo yo y punto”) y la permisividad (ceder para evitar el conflicto).
Pero existe un camino intermedio, y es el único que construye seguridad real: los límites conscientes.
¿Por qué nos cuesta tanto poner límites?
A menudo, confundimos poner límites con ser “malos padres”. Creemos que amar es decir siempre que sí. Sin embargo, un niño sin límites es un niño ansioso.
Imagina que conduces por un puente muy alto por la noche y no hay barandillas. ¿Conducirías rápido y confiado? No, irías despacio y aterrado. Las barandillas son los límites: no están ahí para castigarte, sino para marcarte por dónde es seguro transitar.
Las 3 Claves de los Límites Conscientes
1. Anticipación (El poder del “Antes de”)
El cerebro infantil no gestiona bien los cambios bruscos. En lugar de apagar la tele de golpe, avisa: “Cariño, cuando termine este capítulo, la apagamos y vamos al baño”. Esto permite a su cerebro cambiar de marcha.
2. Valida la emoción, mantén el límite
Es posible que, aun avisando, protesten. Y está bien. Tienen derecho a enfadarse.
- Incorrecto: “No llores, que no es para tanto”.
- Correcto: “Entiendo que te enfade apagar la tele, es muy divertida. Pero es hora del baño”. Tú mantienes la calma (eres el adulto), validas su frustración, pero el límite se cumple.
3. Consecuencias vs. Castigos
El castigo hace pagar al niño por su error (“Te quedas sin parque”). La consecuencia le enseña la responsabilidad de sus actos (“Como has tardado mucho en bañarte jugando, ya no nos da tiempo al cuento de buenas noches”. Dicho con pena, no con rabia).
El objetivo no es la obediencia, es la responsabilidad
Queremos criar niños que, el día de mañana, sepan decir “no” a situaciones que no les convienen (drogas, relaciones tóxicas) . Si les enseñamos a obedecer ciegamente por miedo, anulamos su criterio. Si les enseñamos a respetar límites desde el respeto mutuo, les enseñamos a respetarse a sí mismos.
Recuerda: poner límites no resta amor, aporta seguridad.