Vivimos en una cultura de la inmediatez y el rendimiento constante, lo que ha llevado a un aumento preocupante del estrés crónico y del llamado Síndrome de Burnout o del “trabajador quemado”.
El estrés laboral no es algo que debas normalizar. Cuando el trabajo deja de ser un reto y se convierte en una fuente constante de ansiedad, tu cuerpo y tu mente te están enviando señales de alerta roja.
Diferencias entre estrés común y Burnout
Mientras que el estrés es una respuesta a una carga puntual de trabajo, el Burnout es un estado de agotamiento profundo que se manifiesta a tres niveles:
- Agotamiento emocional: Te sientes vacío, sin energía y sin recursos para afrontar el día a día.
- Despersonalización: Aparece una actitud cínica, distante o negativa hacia el trabajo y hacia los compañeros o clientes.
- Baja realización personal: Sientes que nada de lo que haces vale la pena o que has perdido tus capacidades profesionales.
Estrategias para recuperar el equilibrio
- Establece límites claros: Aprende a decir “no” y a desconectar digitalmente fuera de tu horario laboral.
- Prioriza el autocuidado: El descanso, la alimentación y el ocio no son lujos, son necesidades biológicas.
- Gestiona tus expectativas: Acepta que no puedes controlarlo todo ni ser perfecta en todo momento.
- Busca apoyo profesional: Si sientes que la situación te supera, trabajar con un psicólogo puede ayudarte a rediseñar tu relación con el trabajo y fortalecer tu resiliencia.
No esperes a que tu salud física colapse para tomar medidas. Tu bienestar vale mucho más que cualquier cargo o entrega.