Es común escuchar la frase “estoy deprimida” para describir un mal día o un momento de tristeza. Sin embargo, la depresión mayor es algo mucho más profundo y complejo que una simple emoción pasajera. Es un estado que afecta a cómo te sientes, cómo piensas y cómo te enfrentas a las actividades más básicas de tu día a día.

Como psicóloga, mi labor es ayudarte a poner nombre a lo que te sucede y, sobre todo, recordarte que la depresión no es una debilidad personal, sino un problema de salud que tiene tratamiento.

¿Tristeza o Depresión? Cómo diferenciarlas

La tristeza es una emoción natural necesaria ante una pérdida o decepción. La depresión, en cambio, se caracteriza por:

  1. Persistencia: El malestar dura la mayor parte del día, casi todos los días, durante al menos dos semanas.
  2. Anhedonia: Una pérdida casi total de interés por cosas que antes te apasionaban (hobbies, relaciones, comida).
  3. Fatiga extrema: Sentir que el cuerpo pesa, que levantarse de la cama es una tarea titánica.
  4. Sentimientos de inutilidad o culpa: Ideas recurrentes de que no vales nada o de que eres una carga para los demás.
  5. Dificultad para concentrarse: La mente se siente nublada, incapaz de tomar decisiones simples.

El camino hacia la recuperación

La depresión se alimenta del aislamiento y del silencio. Por eso, el primer paso para “salir de la oscuridad” es hablar de ello con un profesional.

En terapia, trabajaremos para:

  • Identificar los patrones de pensamiento negativos que mantienen el estado depresivo.
  • Retomar pequeñas rutinas que generen bienestar de forma progresiva.
  • Explorar las causas subyacentes (que pueden ser biológicas, situacionales o acumuladas).
  • Recuperar, paso a paso, la conexión contigo misma y con el mundo.

Recuerda: pedir ayuda es el acto más valeroso que puedes realizar hoy. No tienes que transitar este camino a oscuras.

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