Es común escuchar la frase “estoy deprimida” para describir un mal día o un momento de tristeza. Sin embargo, la depresión mayor es algo mucho más profundo y complejo que una simple emoción pasajera. Es un estado que afecta a cómo te sientes, cómo piensas y cómo te enfrentas a las actividades más básicas de tu día a día.
Como psicóloga, mi labor es ayudarte a poner nombre a lo que te sucede y, sobre todo, recordarte que la depresión no es una debilidad personal, sino un problema de salud que tiene tratamiento.
¿Tristeza o Depresión? Cómo diferenciarlas
La tristeza es una emoción natural necesaria ante una pérdida o decepción. La depresión, en cambio, se caracteriza por:
- Persistencia: El malestar dura la mayor parte del día, casi todos los días, durante al menos dos semanas.
- Anhedonia: Una pérdida casi total de interés por cosas que antes te apasionaban (hobbies, relaciones, comida).
- Fatiga extrema: Sentir que el cuerpo pesa, que levantarse de la cama es una tarea titánica.
- Sentimientos de inutilidad o culpa: Ideas recurrentes de que no vales nada o de que eres una carga para los demás.
- Dificultad para concentrarse: La mente se siente nublada, incapaz de tomar decisiones simples.
El camino hacia la recuperación
La depresión se alimenta del aislamiento y del silencio. Por eso, el primer paso para “salir de la oscuridad” es hablar de ello con un profesional.
En terapia, trabajaremos para:
- Identificar los patrones de pensamiento negativos que mantienen el estado depresivo.
- Retomar pequeñas rutinas que generen bienestar de forma progresiva.
- Explorar las causas subyacentes (que pueden ser biológicas, situacionales o acumuladas).
- Recuperar, paso a paso, la conexión contigo misma y con el mundo.
Recuerda: pedir ayuda es el acto más valeroso que puedes realizar hoy. No tienes que transitar este camino a oscuras.