La adolescencia no es una enfermedad, es una reconstrucción.
Como psicóloga y psicopedagoga, a menudo comparo esta etapa con una gran reforma en una casa. Mientras las paredes están cayendo y el polvo lo cubre todo, el adolescente se siente inseguro y vulnerable. En este caos constructivo, la autoestima es el cimiento sobre el cual se edificará su identidad adulta.
Sin embargo, en la era de las redes sociales y la comparación constante, este cimiento suele ser más frágil que nunca. ¿Cómo podemos, como padres y profesionales, ayudarles a construir una imagen sólida de sí mismos?
El cambio de foco: Del “Hacer” al “Ser”
Uno de los errores más comunes es basar la autoestima del adolescente en sus logros académicos o deportivos. “Qué buenas notas has sacado, qué listo eres”.
Desde la Psicopedagogía, sabemos que si la autoestima depende solo del éxito externo, se desmoronará al primer fracaso. El adolescente necesita sentir que su valor es intrínseco, no condicionado. Debemos empezar a valorar el esfuerzo, la resiliencia y la honestidad, más que el resultado numérico.
Los 3 pilares de la Autoestima Adolescente
Para que un adolescente se sienta seguro, necesita tres cosas fundamentales:
- Sentido de Pertenencia: Saber que, a pesar de sus cambios y rebeldías, sigue teniendo un lugar seguro en casa donde es aceptado incondicionalmente.
- Sentido de Competencia: Sentir que es bueno en algo. No tiene por qué ser matemáticas; puede ser la cocina, el dibujo, la empatía con sus amigos o la habilidad con los videojuegos.
- Autoconcepto Realista: Ayudarle a entender que la perfección que ve en las pantallas es una ficción. La autoestima sana no es creerse el mejor, sino saberse valioso siendo imperfecto.
La importancia de la Autonomía
Aquí es donde entra mi papel como psicopedagoga. Muchos problemas de autoestima en jóvenes nacen de una sobreprotección que les impide sentir que son capaces de resolver problemas por sí mismos.
Permitir que el adolescente cometa errores, que gestione sus horarios (aunque falle al principio) y que tome decisiones, es la mejor manera de decirle: “Confío en tu capacidad”. Y cuando un padre confía, el adolescente empieza a confiar en sí mismo.
Qué evitar: Las trampas de la comunicación
En consulta, los adolescentes suelen decirme: “Es que mi padre no me escucha, solo me sermonea”. Para proteger su autoestima, evita:
- La comparación: Especialmente con hermanos o con “quien tú eras a su edad”.
- La crítica destructiva: Atacar a la persona (“eres un desastre”) en lugar de a la conducta (“tu habitación está desordenada”).
- Resolverles la vida: Cada problema que les resuelves es un mensaje de “tú no puedes solo”.
Conclusión
Acompañar la autoestima de un adolescente requiere paciencia infinita y una mirada que sepa ver más allá de la máscara de indiferencia que a veces se ponen.
Si ves que tu hijo se aisla, si ha perdido el interés por lo que le gustaba o si muestra una autocrítica feroz, puede que sea el momento de buscar apoyo profesional. Un enfoque combinado entre psicología (para sanar la emoción) y psicopedagogía (para fortalecer sus habilidades) puede marcar la diferencia en su futuro.
En mi consulta trabajo con adolescentes y sus familias para navegar esta etapa con seguridad y confianza. Uno ciencia y cercanía para que crezcan siendo la mejor versión de sí mismos.