Un ataque de pánico es una de las experiencias más aterradoras que puede vivir una persona. Ocurre de forma súbita, intensa y, a menudo, sin un desencadenante claro. Durante esos minutos, el cuerpo entra en un estado de alerta máxima que nos hace sentir que estamos sufriendo un infarto o que vamos a perder la razón.
Lo primero que debes saber es que, aunque sea extremadamente desagradable, un ataque de pánico no es peligroso para tu vida física. Tu cuerpo simplemente está respondiendo a una “falsa alarma” de peligro.
Herramientas de “Primeros Auxilios” emocionales
Si sientes que el pánico empieza a subir, intenta estas técnicas de grounding (anclaje):
- La regla 5-4-3-2-1: Nombra 5 cosas que veas, 4 que puedas tocar, 3 que oigas, 2 que huelas y 1 que puedas saborear. Esto obliga a tu cerebro a salir de la alerta interna y volver al presente externo.
- Respiración abdominal: Pon una mano en tu pecho y otra en tu abdomen. Aspira aire por la nariz lentamente haciendo que solo se mueva la mano del abdomen. Suelta el aire despacio por la boca.
- Acepta la sensación: En lugar de luchar contra el miedo (lo que genera más adrenalina), intenta decirte a ti misma: “Esto es una respuesta de mi sistema nervioso, es molesto pero va a pasar pronto”.
Por qué ir a terapia tras un ataque de pánico
Tener un ataque de pánico suele generar lo que llamamos “miedo al miedo”: el temor constante a que se repita, lo que nos lleva a evitar lugares o situaciones, limitando nuestra vida.
En mi consulta (Málaga y online), te ayudo a:
- Entender por qué tu sistema de alerta se ha desajustado.
- Enfrentar el miedo de forma segura para que pierda su poder sobre ti.
- Aprender técnicas avanzadas de regulación emocional que evitarán que el pánico se convierta en un trastorno crónico.
Tú eres más fuerte que tu ansiedad, y con las herramientas adecuadas, podrás recuperar la calma y la seguridad en ti misma.