¿Alguna vez has ido al médico por un dolor físico persistente solo para que te digan que “no tienes nada, es estrés”?
Como psicóloga, veo esta situación a diario. Esa respuesta, aunque técnicamente pueda ser cierta desde el punto de vista orgánico, suele dejar al paciente sintiéndose incomprendido o, peor aún, creyendo que sus síntomas son “imaginarios”. Nada más lejos de la realidad. Lo que estás sintiendo se llama somatización, y es la prueba física de que tu mente y tu cuerpo son un solo sistema.
¿Qué es realmente somatizar?
La somatización no es más que el lenguaje que utiliza nuestro sistema nervioso cuando el estrés o la ansiedad superan nuestra capacidad de gestión emocional “mental”.
Imagina que tu mente es una olla a presión. Si no abrimos la válvula de seguridad (las emociones), el vapor buscará cualquier grieta para salir. En el cuerpo, esa “grieta” se manifiesta como síntomas físicos reales.
Los 4 “idiomas” comunes de la ansiedad:
- El Idioma Digestivo: El nudo en el estómago, la sensación de plenitud o el colon irritable. Nuestro sistema digestivo está densamente poblado de neuronas y es el primero en reaccionar al cortisol.
- El Idioma Respiratorio/Cardíaco: La presión en el pecho o la sensación de falta de aire. Es la respuesta técnica de “lucha o huida” del cuerpo, preparándose para un peligro que no está fuera, sino dentro.
- El Idioma Muscular: Dolores de espalda, bruxismo o cefaleas tensionales. Es una armadura física contra la tensión emocional.
- El Idioma de la Piel/Inmunológico: Brotes de dermatitis o una bajada de defensas recurrente.
Por qué el enfoque “solo pastillas” suele fallar
Cuando tratamos la somatización únicamente con fármacos para el síntoma (un analgésico para el dolor o un protector para el estómago), solo estamos “apagando la alarma” del coche sin mirar por qué el motor está echando humo.
En mi práctica integradora, entiendo que el cuerpo tiene memoria. Si no trabajamos la causa emocional —ya sea un trauma no resuelto, una autoexigencia extrema o un duelo bloqueado— el síntoma simplemente se mudará a otro órgano.
3 Pasos para empezar a sanar la conexión mente-cuerpo
Si sientes que tu cuerpo está gritando lo que tu boca calla, aquí te propongo tres claves terapéuticas:
1. Detener el juicio
Deja de decirte que “es solo psicológico”. Tu dolor es real. El primer paso para sanar es validar lo que sientes y dejar de luchar contra tu propio cuerpo.
2. Check-in corporal diario
En lugar de esperar a que el dolor sea insoportable, dedica 5 minutos al día a cerrar los ojos y preguntar: “¿Qué parte de mi cuerpo está hoy más tensa?”. Poner conciencia reduce la intensidad de la señal de alerta.
3. Psicoterapia con enfoque integrador
Trabajar con herramientas que unan la mente y el cuerpo (como el enfoque TCC o la terapia basada en la evidencia) permite aprender a “descifrar” lo que tu cuerpo intenta decirte antes de que necesite gritar.
Conclusión
Tu cuerpo no es tu enemigo. La somatización es un mecanismo de defensa, un aviso de que necesitas atención y cuidado. Aprender a escuchar tu cuerpo sin miedo es el comienzo de una vida mucho más equilibrada y saludable.
Si te sientes identificado con estos síntomas físicos y quieres empezar a entender qué te está diciendo tu ansiedad, en mi consulta en Málaga y online exploramos esta conexión para recuperar tu bienestar integral.